viernes, julio 03, 2015

Ice

Nueva York, 1909, en pleno febrero y en medio de un temporal interminable de nieve y oscuridad, sucede uno de mis capítulos favoritos de las historia del Arte: Sorolla inaugura una espectacular exposición de 356 cuadros siendo casi un desconocido. 
La grisalla opaca, neblinosa de pleno invierno helado americano en la que venían inmersos los visitantes y sus aletargadas pupilas, hacía que la gente al entrar en la sala de la Hispanic Society of America no pudiera abrir los ojos. 
“Nunca había ocurrido nada igual en NY”, escribió el mecenas y erudito Huntington: “Los visitantes quedaban físicamente deslumbrados por la luz de los cuadros, y los automóviles, cegados sus conductores, bloqueaban la calle.” 
En medio de este calor antiestético y poco favorecedor_ aunque sí favorecedor de todo lo que uno no desea ver favorecido_ intento recordar algunas de mis historias preferidas que tienen lugar en escenarios gélidos, donde nadie muestra más que lo que es bello

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