viernes, mayo 23, 2014

Happy


 
Sé que no es asunto vuestro pero algunas cosas sustanciales e irreversibles me han salido mal y, cuando lo han hecho, de nada me ha servido la perra. Mis penas son vulgares, como la gente y mirarla, caminando por la calle me conforta y me divierte porque me recuerda que, a diferencia de nosotros, ningún ser se desconcierta  con su propia existencia: tan deslucidos, tan endebles, tan inconscientes, tan desvalidos, tan pequeños, cortos y estrechos_por eso me gustan los altos.

Ya sé que sois muy felices y afortunados, pero todos deberíamos reírnos de todos y todos tendríamos razón. No sé de quién me compadezco más: si de ti y de mí, o del pobre del forro polar que no sabe ni su nombre o de la ganadora, cuajada de pulseritas, que golpea mis retinas con la imagen del que cree que lo merece todo. Aunque funcione en su rostro, ella tampoco sabe donde tiene la nariz.

Me considero optimista, no porque crea que las cosas necesariamente vayan a salir a mi gusto, sino porque soy consciente de la poca importancia que tiene cualquier eventualidad. Casi nada me conmueve, salvo la Estética y el Humor y pocas cosas me irritan: por ejemplo, ser imbécil y/o  aburrido, son cosas que están feísimas, y me desasosiegan.

Se te ve muy bien, pero la armonía y la paz sólo existen flotando en líquido amniótico y a los nueve meses llega la primera caída, la batalla contra la fuerza de la gravedad la perdiste antes de Newton. La infancia, para bien o para mal, es como estar encerrado en un parque de bolas. Cuando uno llega a la edad adulta la mayoría seguimos intentando aleccionar a nuestros pequeños  sentimientos como si fueran niños…. El secreto radica en no confundirte con ellos, no creerte que eres ellos: párvulos que no distinguen colores de transición. Los sentimientos tienden, como Walt Disney al maniqueísmo más torpe, donde no existen los matices, no hay perspicacia, no hay cinismo, los niños no hacen concesiones a lo relativo..

Fuera de tu esmerado atrezzo, pienso que la mayoría de las cosas salen bien, igual que lo ordinario es la salud y no la enfermedad e igual que lo normal es que los días pasen sin más. El único problema real es no entender que la poca o mucha repercusión que tienen las circunstancias externas en nuestra vida depende de nosotros.

La vida es eso que pasa mientras consumes innecesariamente, mientras conduces tu coche a un lugar irrelevante, mientras enredas y desenredas superficiales relaciones y variadas peripecias a cual menos trascendente.  La percepción  tiene su lado sombrío y su lado brillante: haz que tu cabeza trabaje a tu favor y no elijas el más feo.

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