lunes, diciembre 02, 2013

Catolocos y Catolocas


El matrimonio y la maternidad no son la panacea pero me gustan y me estabilizan descreída como soy. ¿Qué otra cosa puede hacer una persona como yo sino entregarse al cuidado de  los demás? Yo creo en el amor o la nada, ni a la vida le concedo demasiada importancia ni a mi propio narcisismo, algo trabajado a estas alturas... Pero ay, a las ideas sí, lo único que parece que podré heredar a mis hijos y sobre todo a mis hijas…
Cuando supe del libro publicado por el Arzobispado de Granada: “Cásate y sé sumisa” me hizo gracia el título como me parecen cómicas, de lejos, las bizarradas sórdidas y obtusas que pueblan nuestra piel de toro. España con sus toreros, con las mujeres de estos envueltas en logos dorados de Gucci; con sus chatos de vino peleón, con sus folclóricas, con sus superbellezones embarazadas de futbolistas supermillonarios, con sus cristianos de chichinabo bailando sevillanas en el Rastrillo Nuevo Futuro;  España con su maniqueísmo de kínder, con su basura y sus brillantes políticos,  con sus mariscadas en reservado cateto…
A priori, la idea de una forma conciliadora de entender el matrimonio_y no ese campo de batalla pseudofeminista ochentero de “hago la mitad de la cama donde duermo yo”_me parece bien. Cualquier relación en la vida empezando por la relación con uno mismo merece y exige grandes dosis de paciencia, transigencia, condescendencia e incluso amninstía. Tolerancia y generosidad son claves para vivir en armonía con uno mismo: Calculen, queridos amigos, con los demás… Todo eso está muy bien, pero amigas, como decía Unamuno: “Antes la verdad que la paz" que más valen mil divorcios, dos mil pasaportes, cuatro mil despedidas, ocho mil cristales rotos, dieciséis mil niños mimados en el psicólogo del colegio, treintaidós mil patadas en el culo, que aguantar una armonía basada en la injusticia, el abuso, la parcialidad y la sumisión que, por supuesto, no conducen a otra cosa que no sea el sadismo, la arbitrariedad y la violencia. Pero la vajilla de la Cartuja que no me la toquen…
Y es que este libro publicado con dinero público da mucha rabia e impotencia…"Cásate y sé sumisa” vuela en las librerías; este compendio estremecedor de agravios constantes a la dignidad de la mujer se ha acabado en la Casa del libro y en Amazon es el top ventas. No entiendo cómo no está prohibido, como lo está la apología del nazismo o de la pedofilia o simplemente como en este país de hipócritas y obtusos está prohibido todo lo epidérmicamente incorrecto_por más chorra que esto sea_ pero no este libro: uno de los hechos intelectuales más violentos que han ocurrido desde que tengo memoria.
La violencia intelectual, esa toxina que se cuela por las rendijas de nuestra percepción moral, se planta y germina en las mentes indefensas, en los más débiles…La violencia de la Idea es lo que verdaderamente hace daño y no la bofetada cuyo eco resuena sólo en casa…
La publicación de este libro es un caso clarísimo de inconstitucionalidad, de desidia, de incultura, de tolerancia con lo peor, donde la autora desarrolla, retrotrayendo toda la mierda patriarcal que ha podido recabar sin dejarse ni una sola deposición, una extraordinaria teoría: que el hombre es Dios y la mujer su sparring_además se contradice, ya que en caso de ser Dios no proyectaría sus muchos y humanos defectos_que el libro apunta_ sobre la aguantona mujer que promueve el Arzobispado.
"Cuando tu marido te dice algo, lo debes escuchar como si fuera Dios el que te habla"_ dice esta  italiana, a la que su marido sólo deja ver un canal de TV.
"La mortificación nos gusta”_¿¿¿queee???_ “porque es para alcanzar un bien mayor, que es acoger a tu marido, por consiguiente, engendrarte de nuevo a ti misma"_Aclara Constanza Miriano, otro engendro intelectual de la moral católica esparciendo entre otras bobas su ideología amedrentada …
"Hacer un filete a la plancha o el acto de cambiar un pañal. Esas cosas son de mamás"_Por supuesto que lo son, son de personas que cuidan. El cuidar (a hijos, familiares, amigos en situación de necesidad…a uno mismo…) es imperativo y placentero y todos, hombres y mujeres debiéramos cuidar. Todos, como dice Carolina del Olmo, para que la sociedad funcione debemos aprender y disfrutar de ser “madres”.
Pregúntate qué otro podría soportarte (...) pregúntate qué otro podría tolerar algunas de tus gravísimas psicopatologías"_Obviamente, la mujer que compra este libro y le hace caso, dispone de tales psicopatologías o más, y tras su lectura en nada van a mejorar…
Su bienestar, su serenidad, se sostendrá al menos en parte sobre tu capacidad de absorber sus malos humores, sus caprichos, sus cansancios, sus descontentos”_¿Por qué no sus golpes? Pensad amigos, en estas palabras resonando en la cabeza de un imbécil… En este simpático país nos debatimos entre la IT girl y la Sparring Girl, con idéntica pasión…
Siempre he pensado que la ciencia y el pensamiento son los peores enemigos de la fe católica, y que el rebaño de la Iglesia_ cómo no van a defender “Cásate y se sumisa” si ellos mismos son sumisos_ es incapaz de ser persona, de responsabilizarse de su vida tal cual es, como adultos: el ejemplo más rotundo  es la nulidad matrimonial…
No comprendo que haya mujeres supuestamente inteligentes que sigan defendiendo las ideas católicas, lo de los hombres lo entiendo que aquí cabe el ser más papista que el papa.
Para terminar, una composición imposible pero cierta: Los adultos post-Constitucionales, menores de 40 años, del primer mundo, con estudios superiores, inteligentes y católicos_al igual que la Virgen de Fátima_ no existen.

1 comentario:

Lula P. dijo...

Sólo puedo decir una cosa, bueno dos.

Primero, yo también creo que lo único que heredarán de mí mis hijos son las ideas, pero no sobre todo mi hija. Casi me esforzaré más para que las herede mi hijo, enseñarle que toda la mierda que dice ese libro no es más que eso, mierda. Y que es importante que te quieran, pero más importante es querer tú y saber querer bien.

Y segundo, recuerdo un día, hace más de diez años, en que mi marido me dijo algo que con el tiempo ha acabado siendo la definición de mi matrimonio: "yo quiero una socia, no una empleada". A eso añádele ratos pasión, ratos hartazgo, peleas y besos y manías que odias y otras que adoras. Añádele etapas buenas, otras buenísimas y otras tan malas que sólo se superan de milagro y porque sí. Pero al final somos eso, socios en todo esto. Aquí no hay jefe y empleada.

Uf cuánta intensidad. Pero descubrir que has vuelto bien merece una parrafada.

Besos