domingo, septiembre 15, 2013

Dressed to Kill




Hoy, en el intercambio dominguero de niños, mi exmarido, sin previo aviso, es decir: a traición, me ha presentado a su novia formal y esto me ha hecho pensar en cosas tan comunes y poco discutidas comunmente, como la competitividad, la autoimagen, el falso self e incluso la dismorfofobia, peliagudos asuntos sin duda, que no veo inconveniente en poner sobre la mesa aquí.

Vuestra sufrida narradora, como supondréis, había imaginado o recreado ese momento muchas veces, pero nunca tal como sucedió _o eso creo. Fantaseaba, en un intento autoprotector y compensatorio, atravesar algún día esa salutación, radiante, feliz, bien peinada, maquillada y llena de oropeles; transmitiría satisfacción, por mi nueva vida, madurez, lo que confirmaría_sobre todo a mi misma_que no tomo decisiones a la ligera, encanto_porque una exmujer tiene que proyectarse encantadora a todas las mujeres de la familia de su exmarido, sobre todo a su nueva pareja y lo más importante: guapa y esto no puedo saber por qué.

Dicen que una mujer no puede estar literalmente hasta los cojones y estoy de acuerdo, pero una madre_y lo saben las madres_una madre sí que puede. Este findesemana, ha sido uno de esos revueltos, de niños otoñales especialmente retadores,y yo, dandolo todo  para preservar la paz, el orden y la armonía de mi hogar de acuerdo a las enseñanzas conductistas de B.F. Skinner y supernanny; después de dejarme los pulmones respirando más hondo que allá donde yace titanic, despúes de renunciar cada segundo a la natural asertividad que te precipita a atacar al que te ataca o al menos a huir de ellos…he conocido a la novia formal de mi ex, fresca, tranquila, en calma, irradiando higiene física y mental por cada uno de sus poros_que imagino_ perfumados.

Cuando los niños de 5 años gritan hasta colapsarte el tímpano sólo antes que el martillo, el yunque y el estribo, uno debería poder asesinarlos, uno debería asesinarlos, pero no puede, uno, o mejor dicho una, debería tener el derecho a salir corriedo o autoevacuarse. Ah…la maternidad, es bien distinta…siempre, digan o hagan lo que sus pequeñas mentes psicópatas improvisen, tu actitud ha de ser la misma, contención, suavidad y comprensión. 



A mí, como a todo individuo no masoquista, lo que me pasa cuando los niños se portan mal, cuando me trago con patatas mi natural forma de expresión, cuya finalidad no es otra que comunicar mis verdaderos sentimientos o defender mi legítimo derecho a la paz y al silencio, se apodera de mí, un estado interior de ansiedad y rabia. Así las cosas,  llega mi ex para dar un paseo a sus hijos, bajo a entregárselos, pensando casi en echarme a llorar a sus brazos con la nariz roja como un pimiento, cuando detrás de él, ¿queréis creerlo? emerge, como aparición mariana, dispuesta a revelarme algún mensaje trascendente, su novia. A mí, la pecadora, la contracorrientes y justo hoy.

Mi penoso estado emocional inmediatamente anterior al encuentro ya ha sido descrito, pero ¿y el físico? Queridos amigos, mi atuendo, hoy día mariológico, mi atuendo era y sigue siendo contrario a los ideales, normas, modelos, estatutos de la sociedad o a la autoridad de cuantos maestros en el arte del aparentar se hayan paseado por el mundo, lo reconozco. Porque si existe un outfit de inestable de libro y trastorno de la personalidad sin cura, ese es el que llevaba justo hoy.

Cuando comprendí que no era la virgen de Fátima que venía a salvarme sino la novia de mi exmarido, que salía de paseo con mis hijos, perfectamente trajeada, pero sin estridencias, perfectamente pintada, pero sin rastro de maquillaje, perfectamente peinada, pero modesta, cabello castaño, natural, de coleta_tan Lourdes Montes, por cierto_perfectamente guapa, sin sexapiles desmesurados, perfectamente classy, pero de izquierdas, ¡perfecta!

No sé en qué momento saludé, ni de qué modo_mariológico también_me escabullí. En el espejo del ascensor vi a una treintañera insólita, cínica, pero aniñada y con flequillo, desmelenada y exageradamente retro, vestida de riguroso y desconcertante negro para ir tan rubia, con un vestido quizá muy pueril…y una expresión entre ladina y tierna: yo misma.

Qué maravillosamente liberador cuando uno sólo puede proyectar lo que uno es.

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