viernes, agosto 23, 2013

Los Master PLus




Hay que reconocerle a la locura sus atributos positivos y más en momentos de crispación social, como este, cuando el realismo es más fatigoso que nunca.  Qué limitaditos son los cuerdos, qué mensos. Personalmente, me inclino por el absurdo, como evasión y fuente inagotable de inspiración.  Mi último hallazgo, siempre en modo LatinPower, es el “sabrosindie”, una adaptación mexicana de la cumbia en clave de ritmos norteños y vocación independiente, una reinterpretación de la vida y de la muerte, de las razas los continentes y la política…
Y para muestra un botón: entre la locura y el pensamiento mágico, en ese vilo finísimo, sutil e inesperado tenemos esta semana el video llanero de Sonia Monroy que he visto 4 veces sin alcanzar a entender.  Entre el hiperrealismo más lastimoso y la fantasía más pseudóloga. Qué bello es vivir para no dar crédito.
Mi amigo Iñigo vive en el Queen Mary todo el año y ha llegado a la conclusión de que el glamour y el encanto de una persona son directamente proporcionales a su cantidad de traumas biográficos. Las personas, afortunadas,  que han crecido chapoteando en una-balsa-de-aceite, son tan tediosas como un ticket de parking; a esas personas les encanta por ejemplo  La Latina y utilizan expresiones que en otro tiempo me hubieran hecho sentir sucia, pero ahora, casi me resultan poéticas, lirismo madrileño, composiciones populares llenas de ternura consuetudinaria, calor… 
En La Latina, hay demasiado amigo-de-sus-amigos, de-su-padre-y-de-su-madre, quedando para hacer-unas-risas, donde-para-gustos-no-están-los-colores porque a todos les chifla Sabina.  En La Latina, Sabina es el rey; lo que no saben, en su pedestre lucidez, es que también es el dueño. Sabina abrió La Latina para forrarse mientras  sus fans hacían-unas-cañitas; lo que tampoco saben_ la cordura es la génesis más frecuente de la desinformación_, es que justo allí empezará el fin del mundo, sólo en La Latina tendrá lugar el Apocalipsis. Si yo fuera el Demonio o un zombi sediento de sangre  iría a La Latina a darles bien pal pelo. A regalarles algún life event, algo de expresión en el rostro, algo que contar más allá de la infraestructura.  
La última vez que estuve por allí, mi amiga Blanca, una verdadera Master Plus, se cansó de esperar por el ticket y burló la barrera del parking con su coche, sin pagar, tras medir el espacio cuidadosamente: abría los brazos dibujando una preciosísima cruz con su abrigo de Prada manga ranglán, de la polvorienta pared a la barrera, ante la mirada incrédula del encargado en su caseta, y la mía dentro del coche. “Ponte el cinturón”, me dijo desde unos labios rojos perfectamente dibujados.
Por La Latina, anda suelto mucho cuerdo, por eso yo nunca voy

1 comentario:

Anónimo dijo...

Caray. Qué bien me lo he pasao leyendo!