martes, agosto 27, 2013

El planeta imaginario

Hoy caminando salió la Belleza a buscarme. Salió de un edificio muy feo que no recuerdo y que miro a diario; del brillo del sol en una de sus ventanas especulares, viniendo su reflejo a parar precisamente a mi cabeza, a reparar mi frente, mi flequillo, mis ojos, acariciando y celebrando mi nariz, describiendo un triangulo de luz tan potente que sólo pude llorar.

Nos encontramos en el semáforo que duró lo de siempre, sin querer yo que acabase. Un rayo de felicidad retorcido por las calles domésticas, invisibles, vulgares. Un trueno que sonaba a último rayo de verano. El olor de la dicha. Apreté el paso y se fue. Esa pájara blanca. Pero hay que caminar.

¿Será esta emoción laberíntica la que siente cualquiera o es la misma que conduce a los creativos al suicidio? Las cosas que me importan no terminan de parecerme serias, igual que el suicidio no tiene nada de serio. Ni la tristeza. Parece que ahora se relaciona la inteligencia y la sensibilidad con la depresión y el suicidio_menuda novedad. Parece que el no encontrar sentido a las cosas, que el no creer en los dictados de la prosa, te precipita a desarrollar realidades paralelas ficticias en el mejor de los casos….

Dejadme que lo relacione también con el despiste y el perderse, que no es lo mismo que echarse a perder. Mi primer marido que es un psiquiatra excelente, solía poner en paralelo la inteligencia con el nivel de ensimismamiento y la falta de inteligencia con el vivir hiper-alerta, con los listos que son tontísimos, en realidad. Ellos nunca se pierden ni caminan y si lo hacen saben exactamente por donde y hacia donde; los listos, no escuchan los aromas del otoño en pleno verano, ni las evocaciones de la felicidad, porque tan sólo se trata de un presentimiento, de la inminencia de un atisbo, y no hay manera de fijarlo.

Y quizá no se debe esto a que lo Bello sea, como ellos dicen, impermanente y evasivo, sino que los fugaces somos nosotros, y no podemos durar en esa estancia. Entre la belleza y la Muerte, la vida y la felicidad, hay un vínculo que es a la vez sutil y firme; tenemos el Arte, quizá, para equilibrarnos hasta el instante de la caída.

La Belleza es inquietante, me digo entonces, y yo misma no soy otra cosa que esa inquietud.

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